martes, 12 de febrero de 2013

El telar de tres hilos ( cuento breve, antesala de " rincones oscuros ")



Simplemente estoy aquí. Asistiendo a la extinción de una raza. Sentado a la puerta de mi choza..., estoy contemplando el asesinato de un mundo.                                                                   
Estoy escuchando las carcajadas de los dioses. De los dioses vivos y de los dioses muertos.
Estoy asistiendo a la agonía de milenios de esperanza y de luchadores solitarios a quienes no les quedan más flores para dar, ni manos para cavar más tumbas.
Sentado a la puerta de mi choza veo la silueta oscura del Apocalipsis trepar reptando sobre las ciudades del hombre. Y en mi pecho siento moverse y crecer el alarido que no llegaré a escuchar, porque ya no estaré más aquí, sentado a la puerta de mi choza .
Estoy contemplando el último vuelo del pájaro  que no vió bien y voló hacia el abismo.
Estoy sentado a la puerta de mi choza. Y aunque mis ojos ya casi no ven, y aunque ya casi no estoy..., con mis manos tejo un telar de tres hilos .El primer hilo esta hecho con los nombres de las maravillas inventadas; el segundo con el clamor ahogado de las que quedaron sin inventar. El último hilo fue creado con los cabellos de los niños que ya no podrán nacer...
Estoy viviendo la extinción de una  raza. A los pies de una puerta, un telar terminado .


 By Paula Francolino, en algún momento de los años noventa

miércoles, 20 de abril de 2011

LAS BOCAS DE LA ESCALERA

En la cima de la escalera hay silencio y oscuridad.Y en los bajos de la escalera también hay oscuridad.
La oscuridad tiene texturas, sonidos, olor.
La de arriba es orgullosa, difícil. Te hace saber que oculta lo preciado, lo temido, y lo desconocido. Y que si te atreves a explorarla, ella se cobrará su precio, y tú, ni siquiera entonces sabrás cual fue. O lo sabrás, tal vez, cuando sea demasiado tarde. La de abajo es pesada, antigua. Es húmeda y exuberante, y no oculta sus ansias por tragarte y hacerte parte de su vientre infinito, de paredes que no puedes palpar, que no puedes encontrar.
Yo vivo como puedo colgando mi triste humanidad entre los escalones fríos del tramo intermedio de la escalera. Una noche, en que creí estar soñando, desperté aquí, sobre estos mismos escalones, solamente acompañada por un cubo de agua espumosa y una escoba vieja. Lo único que cambia mientras pasa algo parecido a lo que yo solía conocer como tiempo, es que unas veces intento limpiar los escalones de arriba y otras veces los de abajo. Pareciera que solo eso puedo hacer, si es que pretendo mantener alejada la tentación de ver mas allá de las bocas de oscuridad.
Nunca tengo tiempo de pensar demasiado, porque tanto cuando lavo los escalones, subiendo de uno en uno, como cuando hago lo mismo pero bajando, siempre tropiezo con el cubo. Casi sin pánico y con una extraña resignación, veo cómo el agua se derrama con parsimonia por la escalera. Veo burlados todos mis esmeros,  pero tranquila de alguna manera, solo atino a esperar que el agua detenga su lento goteo justo al límite del alcance de mi visión.
Entonces, sé que he de volver a limpiar, escalón tras escalón. Una vez, y otra vez, y así para siempre.
1991